Diosquelocura
¡Hay que follarse a las mentes!
H: - ¿Te gustan más los hombres que las mujeres?
D: - ¿En general dices? Nooo… de que sexo sea en realidad me da igual, es lo que menos me importa, me puede gustar un hombre tanto como una mujer. El placer no está en follar, es igual que con las drogas.
A mí no me atrae un buen culo, un par de tetas o una polla así de gorda; bueno, no es que no me atraigan, claro que me atraen: me encantan, pero no me seducen. Me seducen las mentes, me seduce la inteligencia, me seduce una cara y un cuerpo cuando veo que hay una mente que los mueve que vale la pena conocer..., conocer, poseer, dominar, admirar…
La mente, Hache, yo hago el amor con las mentes, ¡hay que follarse a las mentes!
MARTÍN (HACHE)
domingo, 14 de enero de 2018
domingo, 2 de septiembre de 2012
Domingo
Barrí con la mirada todo cuanto me rodeaba. No miré con esos órganos que compartimos con tantos otros seres, esos que tan solo detectan la luz, heredados de la propia evolución. Eché un vistazo en esta ocasión con mi ojo crítico, aquel que no desarrollan tantos como debieran, pero que existe al menos en potencia en todo ser humano. Aquel nacido del raciocinio y criado por el espiruto de cada persona, alimentado por la experiencia y burlado a veces por la propia realidad, pues la verdad absoluta es utópica. La imagen no fue más que una inmerecida sacudida a mi corazón. Este hecho echó de nuevo para atrás a mi ojo crítico, el cual huyó asustado para esconderse en el pozo más profundo de mi cabeza. Y lo que en un principio fue una virtud, se convirtió en una barrera para alcanzar la felicidad. ¿Cómo combinar un espíritu tan racional con mis sentimientos más puros y limpios, con mi amor por un mundo que tal vez no existía, un mundo que solo veía cuando miraba de forma externa, y del que sacaba conclusiones optimistas a la par que erróneas...?
Semajante tesitura debe ser solventada con cuidado y paciencia, no quiero que deje una marca horrible en mi persona. Pero mientras sigue ahí, ocupando por completo mis pensamientos. Cada día la rasco un poquito, pero la solución no es destruirla ni mirar hacia otro lado, tengo que resolverla . Las luchas internas contra uno mismo son complicadas, pues tú mismo no eres más listo ni más tonto que tú mismo....¿cómo salir victorioso?
martes, 8 de mayo de 2012
Larga era la travesía que me esperaba. Lo sentía, aún sin verlo, pues
cada curva cubría el resto del camino. No, no podía ver más allá de la
curva. Aún así, esto era lo que me hacía proseguir, pues... ¿ para qué
seguir un recorrido cuyo final ya te es conocido? No, aquel camino
solo revelaría sus más íntimos secretos a cambio de mis pasos, sus
verdades no podían ser regaladas a cualquier transeúnte, y era
precisamente esto lo que las dotaba por completo de su valor. Mientras
deambulaba me topé varias veces con otras almas solitarias como la mía,
atraídas como yo por la curiosidad.. ¿Qué imagen asombrosa me deparará
el siguiente tramo? ¿qué encontraré tras la siguiente curva? No
intercambiaba palabra con ninguna de ellas. Tan conscientes ambos de la
presencia del otro como del hecho de que si quisiésemos conversación o
compañía no lo buscaríamos en aquella senda tan poco circulada. Conforme
avanzaba, a medida que aumentaba el número de huellas dejadas a mi
paso, eran menos con los que me encontraba. Los primeros días en la más
austera soledad hicieron que mi itinerario se tornase cuesta arriba.
¿dónde estaban mis compañeros de travesía? ¿Y las demás almas olvidadas?
Desheredados del mundo tangible... ¿habrían abandonado tan pronto el
camino? Pasó así un mes entero, con sus treinta días y su treinta
noches, y a este mes le siguió otro, y luego otro... Y olvidé como era
el rostro de una persona, y el sonido de más de dos pies caminando.
Olvidé hasta mi propio rostro y llegué a dudar de que siguiese aún
cubriéndome. Quizá me había perdido... quizá fui abandonada por mi
sentido de la orientación en la bifurcación más compleja ... Fue
entonces cuando, por primera vez desde hacía meses, paré en seco. Al
mirar mis pies me percaté del lamentable estado de mis alpargatas, no
hace tanto tiempo nuevas. Las alpargatas que estrené al decidir comenzar
mi aventura. Descalcé mis pies y me senté en una gran roca tan oscura
como mis entrañas. ¿Habría esa roca sido colocada allí para la
ocasión?Sin duda, pues no había cavidad alguna para la casualidad en
aquel sendero. Tan desgastada y sucia mi ropa como llena mi alma de
incertidumbre y de llantos mi corazón. Rápido me deshice de los harapos
que cubrían mi pálido cuerpo, pero no tan a prisa logré hacerlo de mi
recién encontrada tesitura. Reflexioné, triste y abatida, cansada y
desorientada, en aquella oscura piedra que se iba haciendo a cada
movimiento del segundero más incómoda. Contemplé, allí sentada, dos
amaneceres y dos puestas de sol, cada cual más hermosa y pura que la
anterior, cada cual más desnuda que mi propio cuerpo, y más cierta que
mi triste situación. Y fue justo en el momento en que el Sol caía por
tercera vez cuando me levanté, dispuesta a volver al mundo de los
hombres, a desandar lo andado. No obstante, mis ojos se volvieron
inevitablemente por última vez en la dirección que seguían mis pies
antes de sentarme, empañados de lágrimas. Un sabor amargo inundaba mi
corazón .Mi última mirada. Y cuál fue mi sorpresa al percibir ,entre
lágrimas , lo cerca que había estado de vencer una nueva curva, de
descubrir un nuevo enigma, un nuevo color...
Y mis labios no pudieron evitar soltar una carcajada, libre por fin. Y maldije a mi razón por haber dudado de mi sentido de la orientación aún sin estar este errado, por haberme echo sentir perdida, por intentar recordar mi rostro aún cuando un rostro solo sirve para cubrir una mente... Acaricié aquella roca gris que durante casi tres días acompañó mi desdicha y desee no volver a verla nunca más. Aún no se había llegado a poner el sol por completo cuando mis pies, desnudos,no echaron a andar, sino a correr, pues no podía esperar para ver qué me reservaba aquella nueva curva. Y solo desnuda fui capaz de no solo ver, supe sentir y comprender el camino.
Y mis labios no pudieron evitar soltar una carcajada, libre por fin. Y maldije a mi razón por haber dudado de mi sentido de la orientación aún sin estar este errado, por haberme echo sentir perdida, por intentar recordar mi rostro aún cuando un rostro solo sirve para cubrir una mente... Acaricié aquella roca gris que durante casi tres días acompañó mi desdicha y desee no volver a verla nunca más. Aún no se había llegado a poner el sol por completo cuando mis pies, desnudos,no echaron a andar, sino a correr, pues no podía esperar para ver qué me reservaba aquella nueva curva. Y solo desnuda fui capaz de no solo ver, supe sentir y comprender el camino.
martes, 24 de enero de 2012
y más biblio, y más biblio, y más biblio...
Porque no te enseñaron a APRENDER, a empaparte de conocimientos, a revolcarte en ellos como un cerdo se revuelca en el barro y sobre todo, a disfrutar de hacerlo ¡No! Te instruyeron en el arte de memorizar de manera monótona y aburrida, ¡maldita sea! ¡No somos una puta máquina programada por cuadriculados ingenieros! Somos personas; con curiosidad, iniciativa propia, metas, ideales… ¿O es que acaso ya lo hemos olvidado? ¿En qué esquina aparcamos todo aquello? ¿En qué dichosa esquina prostituimos nuestra propia mente, puesta al servicio del mejor postor?
Te contaron mil historias sobre cómo era el mundo en lugar de mostrártelo tal cual. No te animaron a descubrir sus maravillas y sus decadencias y a equilibrar después tu propia balanza. Y tú escuchaste sus palabras… y las creíste sin vacilar. Porque creer es más cómodo que seguir todo el proceso que da a luz a una opinión propia.
Te dieron unas pautas marcadas de antemano en lugar de iniciarte en la creación de las tuyas propias. Pautas para todo: para interactuar con los demás seres vivos, para estudiar e incluso el cortejo humano suele seguir unas pautas determinadas. Y dejaron sin cavidad alguna a la espontaneidad, a la creatividad, al concepto de ser humano como ser único e irrepetible, a tu persona. Te dejaron de lado a ti… Tú mismo te dejaste de lado solo por pertenecer a algo que ni si quiera se pertenece a sí mismo. Porque tenías miedo… porque has visto con tus propios ojos cómo romper las reglas puede salirte caro… muy caro. Pero también puede salirte muy bien, ¿quién sabe? ¿Acaso no merece la pena correr el riesgo? No importa ya, tantos mensajes subliminales aconsejándote sumisión acabaron por dejar meya… Y llegó el día en que olvidaste que algunas cosas no están determinadas, que siempre puedes elegir, que libertad es algo más que una bonita palabra, que tu criterio no vale menos que el de cualquier otro, que puedes combatir tus debilidades y salir victorioso de la batalla. ¿Dónde acaba esta sociedad prefabricada y enlatada y empiezas tú? ¿O acaso también lo has olvidado?
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