Barrí con la mirada todo cuanto me rodeaba. No miré con esos órganos que compartimos con tantos otros seres, esos que tan solo detectan la luz, heredados de la propia evolución. Eché un vistazo en esta ocasión con mi ojo crítico, aquel que no desarrollan tantos como debieran, pero que existe al menos en potencia en todo ser humano. Aquel nacido del raciocinio y criado por el espiruto de cada persona, alimentado por la experiencia y burlado a veces por la propia realidad, pues la verdad absoluta es utópica. La imagen no fue más que una inmerecida sacudida a mi corazón. Este hecho echó de nuevo para atrás a mi ojo crítico, el cual huyó asustado para esconderse en el pozo más profundo de mi cabeza. Y lo que en un principio fue una virtud, se convirtió en una barrera para alcanzar la felicidad. ¿Cómo combinar un espíritu tan racional con mis sentimientos más puros y limpios, con mi amor por un mundo que tal vez no existía, un mundo que solo veía cuando miraba de forma externa, y del que sacaba conclusiones optimistas a la par que erróneas...?
Semajante tesitura debe ser solventada con cuidado y paciencia, no quiero que deje una marca horrible en mi persona. Pero mientras sigue ahí, ocupando por completo mis pensamientos. Cada día la rasco un poquito, pero la solución no es destruirla ni mirar hacia otro lado, tengo que resolverla . Las luchas internas contra uno mismo son complicadas, pues tú mismo no eres más listo ni más tonto que tú mismo....¿cómo salir victorioso?
No hay comentarios:
Publicar un comentario